Problemas de posicionamiento.

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Llegábamos tarde.

No parecía nada grave. Nos habíamos pegado todo el camino de risas y a esas alturas el algoritmo de la puntualidad era lo de menos. Técnicamente perdidos, deambulábamos por una urbe de tres millones y por suerte habíamos memorizado casi toda la dirección del evento. Era una calle de nombre compuesto por dos partes, una conocida y otra desconocida, “Agu” algo… el número no debía ser importante… y el tema arrancaba, según nuestros cálculos aproximados, entre las 08:00 y las 16:00 horas CMT.

Vamos, lo normal.

Un rato antes, en el hotel, nos habíamos aclarado las ideas con google maps. Yo prefiero aclarame con un Somontano pero gracias a la impresora, que colgaba el güindous a cada click, habíamos improvisado una ruta resumen en un folio con las calles que teníamos que recorrer para llegar a la conferencia. Cuando nos levantamos llevábamos un rato haciendo coñas y partidos de risa, así que olvidamos convenientemente el folio de ruta allí mismo, entre el ratón y el teclado, por si venía alguien detrás nuestro que necesitaba llegar donde nosotros ya deberíamos estar a esas horas. Por molestar.

Como nos costó percatarnos del detalle, durante un buen rato seguimos nuestros instintos hasta que se nos pasó el efecto de la medicación. Inmediatamente pensamos en volver llorando al hotel, pero una de las de recepción ya nos había echado el ojo. Putos frikis de mierda decía su mirada, a la par que su tono se mantenía monocromático y corporativo. Le habíamos solicitado que nos diera acceso a la consigna recursivamente para encontrar acreditaciones y otros gadgets que nunca aparecían. La gente es rara y pilla paquete por esas chorradas y, eso, más los absurdas prejuicios de los tíos y los calvos (nos cuesta pedir pa’un pollo o preguntar direcciones en la calle porque parece que hacemos menoscabo de nosotros mismos), convertían la jodida situación en una situación jodida.

No sé si he comentado que no nos tomábamos nuestra suerte en serio. Así que, aún sabiendo que en un ecosistema evolutivo ya se nos habría papeado alguna variedad de hormigas miopes, hicimos lo normal en estos casos, partirnos el culo y buscar un taxi. Lo chungo era pronunciar la calle a toda prisa (la mitad que se supone que conocíamos, claro) vocalizando como cuando la vida parece un sitio cojonudo y la botella de vino está vacía. A ver si el taxista tenía el coeficiente necesario y entre los tres alcanzábamos la media.

– BuenasvamosalacalleAgufleldellls

– A la calle Agudells, será – el buen hombre arrastraba las eles.

Nos miramos y no encontramos nada que objetar. Agudells era un buen nombre y nos pareción bien. También nos hubieran gustado otros como calle Melapela, o calle CasaCharito.

– Ven aquella de allí? – hizo una pausa para dar teatralidad al momento – Es la siguiente.

El taxista señalaba un punto francamente determinado que, como mucho y exagerando, quedaba a trescientos metros en línea recta. Reconozco que estuve a punto de vacilar al taxista, pero me ví dando dos vueltas a la manzana para hacer una carrrera digna.

Nos disculpamos, nos descojonamos y salimos tambaleándonos del taxi. Yo pensando en que no debíamos explicarle nunca a nadie qué clase de personas éramos. No, porque luego estas cosas se saben.

Y ya sabemos cómo es la gente. No tiene ni puta idea de hacia donde va.

2 comentarios to “Problemas de posicionamiento.”

  1. Billy Says:

    Menos mal que teníais un Güindous a mano que si no aún estaríais esperando que saliera la hoja de la impresora.

  2. olagato Says:

    Criaturicas…

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